lunes, 11 de septiembre de 2017
CUOTAS 2017
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Como cada año se ha abierto el periodo para el pago de la cuota de socio del Pipa Club de España.
El pago puede hacerse directamente al tesorero en las reuniones mensuales. En el presente momento no se dispone de una cuenta del Pipa Club de España, por lo que aquellos que prefieran realizar una transferencia pueden realizarla a la cuenta personal del tesorero (cuenta en el banco BMN ES81 0487 2096 8520 0000 8328, indicando en concepto “cuota PCE 2017” y el nombre completo del socio que realiza el ingreso).
Se recuerda que la cuota es de 25€ para los socios residentes en Mallorca y 15 para el resto de socios.
Por otro lado, el triste fallecimiento de nuestro presidente honorario, Joan Bonet, ha supuesto una serie de gastos imprevistos, lo que ha supuesto que los ya escasos fondos disponibles se hayan visto mermados hasta un punto inasumible. En este momento las arcas del Pipa Club de España registran un déficit de 81,10 €, por lo que cualquier aportación adicional voluntaria será bien recibida.
Para cualquier duda el teléfono del tesorero es el 629081916.
Palma de Mallorca, a 10 de septiembre de 2017.
El tesorero del Pipa Club de España.
Fdo.: Miguel Morey Aguirre
lunes, 16 de enero de 2017
NOTAS SOBRE EL TABACO “LENGUA VAPERINA” (LV) PEPE VENTURA
NOTAS SOBRE EL TABACO “LENGUA VAPERINA” (LV)
I.- La denominación de esta mezcla de fabricación propia utiliza un
sencillo equívoco o juego de palabras basado en la paronimia con la
conocida expresión “lengua viperina”. Consistiendo este tabaco en una
mezcla de virginias y perique, conocida por los fumadores de pipa de todo el
mundo como una mezcla “Váper” (con fórmula Va/Per/ en el sistema SUIT),
la denominación haría referencia, por un lado, a la lengua del propio fumador
de la mezcla, impregnada y transformada por las extraordinarias notas
gustativas y olfativas del Váper, cuyas características quedarían
incorporadas definitiva y permanentemente a la estructura anatómica de este
hidrostato muscular que llamamos lengua; por otro lado, de forma irónica (o
jocosa), la denominación haría también referencia al propio autor de la
mezcla, al que sus compañeros de fumada en el Pipa Club de España
venían calificando como “azote de fumadores poco rigurosos”, “crítico
implacable”, “controlador inquisidor”, “Torquemada”, “martillo de herejes”,
“educador de paladares descarriados”..., y otras lindezas semejantes, por el
solo hecho de haber intentado introducir un poco de racionalidad, cordura y
método en algunas cuestiones esenciales del espacio antropológico
tridimensional en que se mueve el fumador de pipa (en cuanto pipador),
configurado (como explicaba yo en el foro de dicho Pipa Club de España) por
los tres ejes en que se podría representar dichos espacio, con un eje
circular, correspondiente al fumador de pipa, un eje radial, correspondiente
a las pipas, y un eje angular, correspondiente al tabaco que fuma el pipador.
Lo que delimitaría, según entiendo, tres niveles o ámbitos de datos,
experiencias y relaciones sobre los que versarían los análisis y aportaciones
de aquellos fumadores de pipa realmente interesados en conocer las
características esenciales de su afición (o vicio), estudiando así (eje Z) tanto
los aspectos personales o reflexivos del propio fumador como las relaciones
del pipador con los otros pipadores y con personas e instituciones que sin ser
fumadores están afectados o afectan a la específica actividad del fumador (la
familia que aguanta el humo, las empresas que nos venden sus labores,
Aduanas, la Asociación contra el Cáncer, los Pipa Club, etc). En el plano ZX
se ubicarían todas aquellas cuestiones relativas a la relación del fumador con
sus pipas (y , en general, con las pipas); mientras que el plano ZY sería el
ámbito de las cuestiones relativas a la relación del fumador con los tabacos
que fuma. Y aún podría postularse un ámbito de conocimiento en el plano
XY, que sería el de la relaciones de las pipas y los tabacos (este tabaco fuma
mejor en este tipo de pipas, y no en otro, este tabaco “marca” las pipas, etc).
Siempre he pensado que cualquier discusión sobre el mundo de la pipa
(según los tres ejes que he mencionado) será tanto mas enriquecedora y
provechosa si en la misma se realiza una puesta en cuestión, un análisis
crítico, una trituración dialéctica de tantos y tantos prejuicios, mitos, lugares
comunes, patrañas que se toman por verdades y errores de bulto como
encontramos en ese ámbito (como su etimología griega sugiere, “criticar” es
cribar, discernir, seleccionar, clasificar, establecer los lugares que
corresponden a cada cosa o concepto analizado). Y si por esforzarnos en
esa tarea de depuración se nos califica de “inquisidores”, “martillo de herejes”
o “azote de fumadores”, siempre podemos consolarnos recordando que
similares expresiones fueron ya utilizadas de forma profética por Menéndez
Pelayo, cuando dijo aquello de:
“España, evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento,
espada de Roma, cuna de San Ignacio...; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no
tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los
arévacos y de los vectores o de los reyes de taifas.”
Volviendo al LV, su propia existencia y creación tienen su origen en la
fuerte conmoción que sufrí al leer a finales del 2002 el artículo “The Last
Perique Farmer”, del periodista y escritor R. Reese Fuller (www.reesefuller.com/
articles/the-last-perique-farmer/), publicado originariamente en la revista “The
Times of Acadiana” de Lafayette (Louisiana) y después recogido en muchas
páginas web (y también en el libro “Angola to Zydeco: Louisiana Lives”, del
propio autor).
Allí el escritor entrevistaba al viejo Percy Martin (que entonces tenía
84 años y que falleció a los 93 años el 4 de febrero de 2012), uno de los
últimos granjeros de la parroquia de St. James (Louisiana) dedicados al
cultivo y la elaboración del perique, que expresaba allí su profundo
pesimismo sobre la continuidad en la elaboración de tan preciado tabaco.
A mi siempre me han gustado mucho (y me siguen gustando) las
mezclas Váper, y durante una época de mi vida como fumador de pipa hice
un abundante acopio de los tres vápers que me parecían mejores, el Escudo,
el De Luxe Navy Rolls y el Marlin Flake (este último endulzado con un poco
de black cavendish). Y desde que leí el artículo de R. Reese Fuller mi
obsesión fue conseguir, costase lo que costase, unos gramos de ese
precioso tabaco, de ese perique auténtico que fabricaban viejos granjeros
como Percy Martin o León Poché (otra de mis obsesiones, en relación al
perique, es encontrar un libro escrito en 1954 por una tal Lilian C. Bourgeois,
titulado “Cabanocey: The History, Customs and Folklore of St. James Parish”,
donde, al parecer, se proporcionan datos muy interesantes sobre la historia
del perique).
Como no tenía ni idea de cómo conseguir un poco de auténtico
perique, mi propósito no tuvo tuvo esperanza alguna de verse cumplido hasta
el año 2013, cuando en TobaccoReviews leí la única reseña que allí existía
sobre un tabaco que se llamaba Jewell of St. James, del que el catador
decía:
“Only the finest Perique I have ever smelled, blended, or tasted in 50 years of pipe smoking.
It is the sweetest, fruitiest, fullest flavor of its type and will make most any blend it's added
to fuller, zestier, spicier without any tendency to burn the mouth. Needless to say, goes
wonderfully with most Virginias, especially stoved (for me). Pretty pricey but worth it to me.
And I ain't rich. YMMV”
Y, lo que es mas importante, el comentarista decía que había comprado
esa “joya” en eBay. Así que yo tenía ya una pista segura para encontrar ese
tabaco. Y fue así como el 20 de octubre de 2013, en el hilo “Que estas
fumando” del foro del PIpa Club de España, ya pude poner una foto de uno
de los tarritos de 1 onza del Jewell of St James (envasado por la empresa
River Road Tobacco Co. con perique auténtico procedente de la granja de
Percy Martin). Y unos días mas tarde, el 24 de octubre, en el concurridísimo
y muy interesante hilo “Método para fumar poco” (del que resultó el invento
de las bolitas de nitruro de silicio), ya pude ofrecer como premio de aquel
brainstorming (que ganó Moisés, por cierto):
“El que ofrezca la mejor idea tendrá como premio 10 gramos de Jewell of St. James,
perique auténtico, para hacer un Vaper casero de aquellos que te chupas los dedos.”
El resto se puede decir que es historia conocida. Se trataba de hacer
un Váper con el mejor perique del mundo (que ya tenía en mis manos) y
virginias, siendo los parámetros a manejar el porcentaje de perique en la
mezcla y el tipo de virginias a utilizar como base, porque, adelantamos, el
perique es un tabaco condimento, que debe ser utilizado en las mezclas con
prudencia y moderación. Los mas afamados blenders americanos coinciden
en señalar que en un váper con un 8%-12% de perique las notas del
“condimento” ya se aprecian con toda claridad (aunque Russ Ouellette indica
que, como caso excepcional, su “Aniversary Kake” lleva un 15% de perique),
de manera que fue en ese margen donde yo realicé las pruebas de mi váper.
En cuanto a los virginias, empecé probando con virginias sencillos (red
virginias) tipo Red Ribbon de McCranie ́s y 5100 de McClelland, para
continuar con virginias mas complejos, como fueron el Full Virginia Flake de
Samuel Gawith, el Christmas Cheer 2013, de McClelland y, finalmente el
Blackwoods Flake del mismo McClelland. E incluso, a efectos
comparativos, hice un váper con el llamado “Perique Long Cut” de
Cornell&Diehl (utilizando como virginia base el Blackwoods Flake). Este
váper, denominado “Vaperlong” puso de relieve que sólo hay un auténtico
perique, y que otros tabacos que se denominan también “perique” por los
comerciantes que los venden, no tienen nada que ver con el auténtico.
El resultado de todas esas pruebas fue el váper “Lengua
Vaperina” (en abreviatura L.V.), que es uno de los mejores tabacos que he
fumado en mi vida, según entiendo. Y es por ello que lo presento como tal
para que sea fumado por los miembros del grupo TAST el próximo día 27.
El L.V. es, en mi opinión, un váper muy equilibrado, donde las notas
del perique (con una proporción del 9% en la mezcla) se complementan y
armonizan perfectamente con los complejos aromas y sabores del
Blackwoods Flake (para mí uno de los mejores virginias del mercado).
Reconozco, no obstante, que esa opinión personal mía está, de
momento, poco contrastada. Aunque con la edad nuestra memoria se va
haciendo cada vez mas selectiva, aún recuerdo que un día llevé una lata
entera de L.V. a una reunión con mis compañeros de fumada del Pipa Club
de España, para que todos lo probaran. Y recuerdo también que cuando me
quise dar cuenta la lata estaba vacía, pues todos (supongo) cogieron su
correspondiente porción de tabaco para fumarlo en casa. Y pasaron los días
y, salvo contadas excepciones, nadie hizo en el foro del PIpa Club de España
comentario alguno sobre qué le había parecido el L.V. (ni en uno ni en otro
sentido). Lo que hizo que yo calificara (con sobrada razón) como
comadrejas a todos esos pipadores escondidos que no habían querido dar
la cara para ponderar (o criticar) la mezcla que yo había hecho.
Ahora las cosas han cambiado. Los tarritos del Jewell of St James son
buscados afanosamente por los fumadores de pipa. Y muchos de ellos están
haciéndose su propio váper con exactamente los mismos ingredientes y las
mismas proporciones que lleva el L.V. (lo que me produce una íntima
satisfacción, para qué voy a negarlo).
II.- ¿Pero qué es el perique? ¿Cuál es su historia? ¿Cuáles son
las características de ese singular tabaco? ¿Cuáles son los secretos de
su fabricación? ¿Qué es lo que todo fumador de pipa debería conocer
sobre el perique y nunca se atrevió a preguntar?.
Empecemos diciendo que el perique no es tanto una variedad de
tabaco (aunque se parte de una especifica variedad de tabaco burley) como
el resultado de un complejo proceso de elaboración. Pero eso es decir muy
poco, porque todos los tabacos de pipa son el resultado de algún proceso
específico de curado y/o fermentación de las hojas de tabaco, una vez
cosechadas las mismas cada año (en la planta del tabaco, al igual que en el
té y en muchas plantas aromáticas, lo que interesa son las hojas, no el fruto
ni las raíces o las semillas). Así, por ejemplo, en un sistema de curado
relativamente sencillo como es el de chorro caliente (que sería la traducción
mas fidedigna de la expresión “flue cured”), aplicado normalmente a los
virginias, existen parámetros de tiempo, temperatura y humedad que deben
ser escrupulosamente respetados, y deben ser conocidos por aquellos
fumadores de pipa con aficiones de horticultura (como MIguel), a los que
gustaría ofrecer a sus invitados algún selecto producto de su “cigarral”, como
hacían aquellos nobles españoles del siglo XVI de los que habla Carl Avery
Werner en su libro “Tobaccoland” (The Tobacco Leaf Publishing Company,
New York, 1922, pág. 25). Todavía hoy en día, al menos en la provincia de
Toledo, “cigarral” es un huerto en las afueras de la ciudad, con árboles
frutales y casa para recreo, de manera que parece acertada la etimología
hispánica de la palabra “cigarro” (en castellano) y “cigar” (en inglés), pues los
puritos de hojas de tabaco enrrolladas que aquellos nobles ofrecían a sus
invitados afirmando orgullosamente ¡Es de mi cigarral!, sin duda se
asemejaban a los gruesos cuerpos fusiformes y oscuros de las cigarras que
amenizaban con sus cantos la tranquila soledad campestre de aquellas
huertas o “cigarrales” donde el noble cultivaba sus plantas de tabaco.
Lo que ocurre es que no es lo mismo ofrecer un cigarro de tabaco
curado simplemente al aire, y a temperatura ambiente (air cured), que es
como se procesan la mayoría de los burley (incluido el Red Burley tipo 72,
que después se convertirá en perique), que ofrecer un cigarro de tabaco
curado al chorro caliente (flue cured), que es como se tratan la mayoría de
los virginias. Por eso los pipadores-hortelanos como Miguel deben conocer
trabajos como el que aparece en http://pubs.ext.vt.edu/436/436-048-11/PDF-436-048-
Section_6.pdf , o en http://202.196.80.249/jpkc/ycgongchangrong/UpLoadFiles/yuandi/2011-3/
CURING%20TOBACCO.pdf , donde se da cumplida cuenta del protocolo a seguir
para obtener un buen tabaco flue cured, tipo virginia, en vez de un mal
tabaco air cured, tipo burle y.
El proceso de producción del perique, por el contrario, difícilmente
puede ser estandarizado, habida cuenta el gran número de factores o
variables que influyen en dicha producción. De manera que podemos afirmar,
sin temor a equivocarnos, que dicho proceso es el mas complejo, largo y
costoso de los todos los que existen para producir los tabacos que fumamos
en nuestras pipas. Desde la época en que empezaron a fabricarlo las tribus
indias de los Chocktaw y los Chickasaw (pobladores primitivos de la región
del delta del Missisipi) hasta nuestros días, las técnicas agrícolas y de
procesamiento posterior de las hojas de tabaco (con las sucesivas etapas de
curado y fermentación) apenas han variado, de manera que el perique ha
sido siempre (y seguirá siendo) un tabaco artesanal, justificando tanto el
altísimo precio que este tabaco tiene en relación a otros tabacos de pipa (¡y
menos mal que, como tabaco-condimento que es, no hay que añadir mucha
cantidad a las mezclas en las que interviene!), como las definiciones que se
han dado del mismo, calificándolo como “la trufa de los tabacos” o “el caviar
de los tabacos” (mas acertada la primera, como veremos). En esa misma
linea se podría decir también (como veremos con detalle en el capítulo
dedicado a la historia de este tabaco) que el perique es el mas francés de los
tabacos americanos (y en la fumada del día 27 lo demostraré con un ejemplo
práctico).
Por nuestra parte, de una forma algo mas técnica, nos atrevemos a
definir el perique diciendo que es un tabaco exclusivo y único, producido
en pequeñas cantidades en una muy limitada zona del Estado de
Louisiana, al someter las hojas del tabaco burley rojo, tipo 72 (según la
clasificación del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos), a
un curado parcial al aire (air cured), seguido de una discontinua (pero
prolongada) fermentación anaeróbica a alta presión.
Empezando por los factores edáficos (relativos al suelo), el auténtico
perique (ya hablaremos del falso perique) sólo se produce en una zona de
terreno en forma de triángulo isósceles en la parroquia de St. James (por
influencia francesa, el Estado de Louisiana aparece dividido, a efectos de
administración local, en “parroquias” -Parish-, en lugar de “condados” -
County- como ocurre en los otros “Estados Unidos” de America) , cuya base
discurriría entre los pueblos de Paulina y Belmont, en la carretera (River
Road) que discurre bordeando la margen izquierda del Missisipi); y cuyo
vértice estaría situado en la minúscula aldea de Grand Point (en realidad un
llogaret), rodeada de terrenos pantanosos (Vid. plano). Todos los intentos de
producir perique fuera de ese triángulo mágico han sido infructuosos.
Y las razones parecen convincentes. Dichos terrenos, que aparecen
después de la amplia curva que traza el río después de Convent (localidad
en la que tiene su sede social la empresa L.A. Poché Perique Tobacco Inc.),
son unos terrenos aluviales que se fueron formando durante siglos por las
crecidas del Misssisippi, con un alto contenido de materia orgánica y sales
minerales (algo así, imagino, como las periódicas crecidas del Nilo desde
tiempos inmemoriales). Este tipo de suelo, de color oscuro, recibe el nombre
de “Magnolia” por los habitantes de la zona y, según opinión generalizada, es
el que confiere al perique esos extraordinarios e irreproducibles matices
olfativos y gustativos que el tabaco tiene una vez finalizadas las diversas
etapas de su producción.
En cuanto a las semillas de tabaco utilizadas ( de la variedad burley
rojo, tipo 72, como hemos dicho), son de tamaño inferior al milímetro (como
ocurre en la mayoría de las variedades de tabaco), afirmándose por los
agricultores de la zona, como frase hecha, que en el dedal de costura de una
señorita cajún caben cien mil de dichas semillas (como veremos, la
comunidad cajún constituye hoy en día un grupo étnico y cultural de
Louisiana muy bien definido, formado principalmente por los descendientes
de los acadianos, pero también integrado por criollos franceses y otras
familias de origen tanto francés como español y alemán).
El problema es que cuando esas diminutas semillas de burley rojo, tipo
72, se han sembrado en terrenos diferentes de los del triángulo mágico al
que hemos hecho referencia (con una superficie total 30 millas cuadradas,
menos de 8.000 hectáreas, de las que, en la época de máximo esplendor,
sólo había sembradas 500 hectáreas de tabaco) , ni las hojas de tabaco ni el
perique producido con ellas (ni aún intentando reproducir las condiciones de cultivo y procesamiento lo mas exactamente posible) presentan las
singulares características que hacen de ese tabaco un producto único.
Como se indica en el esclarecedor artículo “The Mystique of
Perique", ( pipesmagazine.com/...in.../the-mystique-of-perique/ ) publicado en
enero de 2011 en PipesMagazine.com (que junto con el publicado en la
misma revista por Rus Ouellette, en marzo de 2011, pipesmagazine.com/...in.../
passionate-about-perique/, constituye la referencia obligada para todos
aquellos que quieran conocer datos recientes sobre la producción del
perique), sólo en unos terrenos que tienen también origen aluvial se ha
podido cultivar un tipo de tabaco que, una vez procesado, recuerda sólo
vagamente (en mi opinión) al auténtico perique. Me estoy refiriendo a la zona
ribereña del río Verde (Green River) del Estado de Kentucky (afluente del río
Ohio, el mas importante de dicho Estado). Allí se cultiva una variedad de
burley conocida como “Green River, tipo 36” (en la citada clasificación del
Departamento de Agricultura de los Estados Unidos), perteneciente a la clase
3b) de los tabacos curados al aire (air cured). Para aquellos que no
conozcan la diferencia entre los tabacos light air-cured (clase 3a) de entre
los air cured) y los dark air-cured (clase 3b), entre los que se encuentra el
Green River), diremos que los dark air-cured son tabacos de inferior calidad,
con hojas mas gruesas y bastas, que después del proceso de curado al aire,
utilizado en casi todos los burleys (que en este caso se prolonga durante 6 y
hasta 8 semanas), adquieren un color entre marrón oscuro y caoba (de ahí la
denominación, que no se refiere a ninguna peculiaridad especial del proceso
de curado, sino al color del tabaco, e indirectamente a su inferior calidad
respecto de los light air-cured).
Pues bien, como confiesa abiertamente Mark Ryan en el artículo al
que nos hemos referido (The Mystique of Perique), desde que en el año 2005
compró una de las dos granjas en las que actualmente se sigue produciendo
perique (la de la compañía L.A. Poché Perique Tobacco, de la que era
propietario Leon Poché, un descendiente directo del célebre Pierre Chenet),
no había vendido mas que un barril de 500 libras de capacidad máxima (el
contenido real de perique en cada barril se queda, sin embargo, en unas 250
libras, no llega a 125 kg) de genuino y auténtico perique de St. James
(straight perique), a una empresa alemana de la que no dice ni el nombre. El
resto, el que hemos fumado cientos (o miles) de fumadores de pipa al fumar
los Vápers y otras mezclas en las que interviene el perique, no era auténtico
perique, el straight perique, el genuino perique de St. James, sino un tabaco
cuyo nombre comercial es Acadian perique, en cuya composición el
componente mayoritario es el mencionado burley Green River (tipo 36) producido en Kentucky (también en Tennessee y en Canadá, al parecer),
que ha sido fermentado, se dice en el artículo, “in a process similar to the
perique” (para que se pueda utilizar comercialmente el término “perique”
basta con que la mezcla final lleve una cantidad testimonial del auténtico
perique).
Pero no nos engañemos. Por un lado, la empresa de Nuevo Méjico
“Santa Fe Natural Tobacco Co.” viene comprando una parte importante del
perique producido en St. James para fabricar sus cigarrillos y tabaco para liar
“American Spirit”. Pero como explicaba Mark Ryan (y se confirma en el libro
“Perique” del fotógrafo Charles Martin, que mostré y recomendé a los
miembros del grupo TAST el día de la fumada del LV), resulta que ese
perique ha sido fermentado sin quitar de las hojas el leñoso nervio central
(pura lignina), porque a los fumadores de cigarrillos no les importa (ni
distinguen) fumar “madera” mezclada con el tabaco. A los fumadores de pipa,
por el contrario, sí que nos importa, y mucho (salvo alguna excepción, como
aquel que limpiaba el tabaco de “estacas”, para fumarlas después aparte,
mezcladas con albariño Limousine, hay gente pa to).
En segundo lugar, no cuestionamos que entre los motivos que han
llevado a los fabricantes de tabaco de pipa a utilizar (y comprar) el perique
“Acadian” (elaborado con el burley Green River) antes que el auténtico
perique, se encuentra el de asegurar un nivel de producción constante y de
calidad uniforme, no sometida a las vicisitudes climatológicas del Golfo de
Méjico y al peligro de una mala cosecha de burley rojo en la parroquia de St.
James. Pero las razones fundamentales, según entiendo, son otras, y así lo
explicaba Mark Ryan en el artículo de referencia:
1a.- Los fumadores de pipa no distinguen entre uno y otro perique
(quizás porque no han fumado nunca una mezcla que llevara perique
auténtico) ni exigen a los fabricantes que los Vápers (u otras mezclas que
lleven perique) se elaboren utilizando el straight perique.
2a.- El perique “Acadian” (que podríamos traducir como “perique
acadiano”) es, como reconoce Mark Ryan, mucho mas barato que el
genuino y auténtico perique. Y la principal razón de ello no hay que buscarla
en el inferior precio de la materia prima utilizada (el burley Green River, tipo
36, de inferior calidad que el burley rojo, tipo 72), sino fundamentalmente en
una simplificación del propio proceso de producción (como veremos), con
notables reducciones de tiempo en la fase de fermentación. Al realizarse todo
el procedimiento de manera esencialmente artesanal y manual (con una altísima proporción del coste de la mano de obra en el coste total), la única
manera de abaratar los costes es, efectivamente, reducir el tiempo de
procesado. Con la inevitable reducción de la calidad del producto final
obtenido.
3o.- Fueron dos apasionados del perique, Christopher Brown y Matt
Nichols, los que consiguieron que el vicepresidente de Santa Fe Natural
Tobacco Co. , Mike Little, se interesara por este singular tabaco, y que a
partir del año 2000 esta empresa comprara la total producción de perique de
la granja de Percy Martin (apenas 6.000 kg). Pero Christopher y Matt hicieron
algo mas, de vital importancia para los fumadores de pipa que apreciamos el
auténtico perique: en el mismo año 2000 fundaron la empresa “River Road
Tobacco Co.”, con sede social en Nueva Orleans, cuya única finalidad fue la
adquirir cantidades no muy grandes del auténtico perique aún producido en
la granja de Percy Martin, para trocearlo en hebras del tamaño adecuado y
envasarlo tanto en recipientes mas grandes como en unos tarritos de una
onza (poco mas de 28 gramos), que se vendían con el nombre de “Jewell of
St. James”.
Desgraciadamente el huracán Katrina destruyó totalmente la fábrica de
River Road Tobacco Co. (en realidad, simple planta de envasado), de
manera que relatos tan reveladores como el que aparece en la página https://
groups.google.com/d/topic/alt.../rPuL5V_fLk... sólo pueden ponernos los dientes largos, y
hoy en día los pocos afortunados que tenemos alguno de esos tarritos de
una onza de Jewell of St. James, sabemos que son los últimos restos que
quedan en el mundo de un tabaco excepcional, al que podían acceder los
fumadores de pipa de forma directa (para hacer sus propias mezclas), en vez
de fumar, como hacemos ahora, las mayoritariamente insulsas labores
comerciales fabricadas con el falso perique, con el perique acadiano.
Como ya he explicado en alguna ocasión, en el año 2008 se subastó
(vacío) uno de los dos últimos barrilitos de Jewell of St.James vendidos por
River Road Tobacco, Co. (el otro está en un museo de Nueva Orleans,
también vacío). Eran barrilitos de 10 galones de capacidad (con
aproximadamente dos pies de alto por un pie de ancho), y se vendían a Pipa
Clubs serios y otros clientes escogidos que podían pagar el alto precio que
ya tenía entonces este selecto tabaco (aunque como es un tabaco-
condimento, y con un 8-10% en una mezcla Váper es mas que suficiente,
uno de esos barrilitos podría durar, bien dosificado, muchos años).
En lo que se refiere al cultivo en la parroquia de St. James del burley
rojo, tipo 72, con el que se elabora el perique, las técnicas agrícolas
utilizadas no difieren en mucho (salvo en algunos aspectos que veremos) de
las que se emplean en otras zonas de los Estados Unidos para cultivar el
tabaco burley. Las distintas fases y labores agrícolas que se llevan a cabo
están bastante bien explicadas tanto en el artículo “The Last Perique Farmer”
R. Reese Fuller al que ya he hecho referencia (www.reesefuller.com/articles/the-
last-perique-farmer/), como en el artículo del mismo autor titulado “The Native
Crop” (publicado originalmente en las revistas Louisiana LIfe y The Times of
Acadiana y que hoy podéis leer en www.reesefuller.com/articles/perique-the-native-
crop/ ) , como, finalmente, en el también mencionado libro “PERIQUE” de
Charles Martin (las manos que aparecen en la portada son las del anciano
Percy Martin, poco tiempo antes de morir), donde cada una las etapas del
proceso viene ilustrada por las excelentes fotografías de ese autor (sigo
recomendando este libro a cualquier fumador de pipa amante del perique).
De forma bastante resumida podríamos decir que las diminutas semillas del
burley rojo, tipo 72, son sembradas a finales de diciembre o principios de
enero en semilleros especialmente acondicionados (que por la noche son
cubiertos con plásticos para proteger la siembra de las inclemencias del
tiempo). Como las semillas son tan pequeñas se mezclan previamente con
cenizas para que la distribución de las mismas en los semilleros sea
uniforme.
Entre finales de marzo y principios de abril (una vez que el peligro de
heladas nocturnas ha desaparecido), las pequeñas plantitas de tabaco (de
unos 10-15 cm de altura) son trasplantadas a mano desde los semilleros a
los campos de cultivo (previamente preparados y arados). La distancia entre
las plantas en cada surco sembrado suele ser de aproximadamente 1 metro
(3 pies).
Durante el crecimiento de la plantas los agricultores deben
proporcionarles los cuidados habituales (abonos, fitosanitarios, protección
contra lluvias torrenciales y heladas, etc), y además realizar las importantes
operaciones de topping (corte del pedúnculo floral superior de cada planta)
y suckering (eliminación de los “chupones” o pequeños brotes secundarios
que suelen aparecer también en la parte alta de la planta), de forma que se
favorezca el crecimiento de un número óptimo de hojas en cada planta, que
suele ser de 12.
Entre mediados de junio y finales de julio se procede a recoger
(también manualmente) la cosecha de hojas de tabaco ya maduras. Con
afilados machetes los agricultores cortan por su base, con un preciso ángulo,
el tronco de cada una de las plantas donde han madurado las grandes hojas
de burley, apilándose las plantas cosechadas y dejándose al relente toda la
noche, para que la humedad nocturna haga que las hojas de tabaco sean
menos quebradizas y mas flexibles y manejables en la siguiente fase de
proceso, que es la del curado (secado) en los grandes graneros o cobertizos
de madera habilitados para dicha finalidad.
III.- LAS DECISIVAS FASES DE CURADO Y FERMENTACIÓN DEL PERIQUE. EL CURADO.
Es bien sabido que el tabaco burley (el de mayor producción en EEUU,
en sus diferentes tipos y variedades) constituye uno de los ejemplos típicos
de tabacos curados al aire o air cured (solo una pequeña proporción de
burley, entre el 8% y el 10%, es curado al humo, o fire cured).
El proceso de curado al aire se realiza colgando las hojas de tabaco
(normalmente todavía en la planta, pero a veces previamente separadas del
tronco) en cobertizos o graneros bien ventilados, a temperatura ambiente,
siendo factores claves para una óptima realización de la operación del
curado tanto el grado de humedad dentro del granero (que debe estar sobre
el 70%) como la temperatura (entre 18oC y 32oC), controlándose dichas
variables (cuando es necesario) abriendo o cerrando las puertas o trampillas
de ventilación que tienen todos esos graneros o cobertizos (para una mas
detallada información se puede consultar la página https://www.uky.edu/.../
TobaccoProd/.../Fact%20She... ). En cuanto al tiempo de curado, sin perjuicio
de lo que después diremos, suele estar entre 4 y 8 semanas, dependiendo
de las condiciones climáticas y de la época del año en que se lleva a cabo el
curado, así como del tipo de tabaco burley utilizado (el burley dark-air cured
necesita entre 6 y 8 semanas para completar el proceso). Lo que podemos
comparar con el tiempo de 6 o 7 dias que dura el sistema de curado menos
natural (y mas costoso, en lo que al propio sistema de curado se refiere) del
chorro caliente (flue cured), con el que se curan, por ejemplo, los mejores
virginias.
Tres tipos de procesos físico-químicos se producen en las hojas del
tabaco durante el curado al aire:
1o.- Por un lado, una pérdida importante de la humedad estructural de
la hoja (que adquiere así el aspecto de seca), a la vez que la desaparición de
la savia que la hoja contiene tanto en su nervio central como en las
nervaduras secundarias, que sufren un proceso de significación.
2o.- Por otro lado, un proceso de degradación y desaparición de la
clorofila (ya iniciado incluso antes de cortar las hojas al cosecharlas, debido a
la natural senescencia de las mismas, y cuyos catabolitos son principalmente
pirroles). Al desaparecer la clorofila se evidencian y ponen de relieve los
pigmentos carotenoides amarillos y naranjas que están también siempre
presentes en las hojas de tabaco (pero enmascarados hasta entonces por el
color verde de la clorofila). A su vez, dichos carotenoides van sufriendo una
lenta oxidación por el oxígeno del aire, lo que se traduce tanto en un
progresivo cambio de color de las hojas (desde al amarillo al marrón oscuro,
pasando por colores anaranjados y burdeos), como en la aparición (como
catabolitos de esa degradación de los carotenoides) de los típicos y
agradables aromas que presenta el tabaco ya curado, principalmente
aldehidos y cetonas cíclicas ( Vid., para mas detalles, www.leffingwell.com/
tob2.htm ).
3o.- Por último (y de suma importancia en este estudio) , mediante un
proceso de hidrólisis enzimática que comienza en el momento en que se
recoge la cosecha y continua en los primeros días de curado en los graneros,
el almidón presente en las hojas de tabaco se transforma en azúcares
(glucosa, fructosa y sucrosa, principalmente). Pero estos azúcares, a su vez,
son metabolizados lentamente por otros enzimas y eliminados de la hoja, de
manera que al finalizar el proceso de curado al aire el tabaco burley
prácticamente no tiene azúcares (entre 0,1% y un 2%, como máximo) y
presenta un contenido en nicotina alto (alrededor del 3,5%-4,5%).
Lo que contrasta con los tabacos (por ejemplo, los virginias) curados
con el sistema de chorro caliente (flue cured), donde las relativamente altas
temperaturas del proceso (38oC en la fase de amarilleo de las hojas; 54oC en
la fase de secado; y 70 oC en la fase de chorro de aire caliente), desactivan
rápidamente los enzimas causantes de la metabolización y eliminación de los
azúcares, de manera que un tabaco flue cured presenta unos porcentajes de
azúcares naturales que pueden ser superiores al 20% (en los tabacos
orientales, curados al sol, la temperatura de las hojas de tabaco no llega a
ser tan alta, de manera que la desactivación de los enzimas metabolizantes de los azúcares es menos pronunciada, con el resultado de unos porcentajes
de azúcares en el tabaco curado de alrededor del 10%).
Pero en el burley utilizado para fabricar el perique (y esta es la
diferencia mas importante), no se puede dejar que las hojas de tabaco
pierdan todos sus azúcares durante el proceso de curado. Esos azúcares
son imprescindibles para el subsiguiente proceso de fermentación
anaeróbica en los barriles de madera. Y es por eso que el proceso de
curado del burley rojo, tipo 72, utilizado para fabricar perique, dura solamente
21 días, 3 semanas (frente a las 5, 6 y hasta 8 semanas que dura el
procedimiento estándar del curado del burley).
Para iniciar el proceso del curado al aire, los agricultores introducen
con unas pequeñas mazas de madera (llamadas copcops) un largo clavo en
cada uno de los tallos de las plantas cosechadas (con un ángulo de 45o y a
unos 5 cm del extremo).
Y a continuación las plantas son colgadas en unas guías o hilos de acero
tendidas el interior de los graneros, en general lo suficientemente altos como
para poder disponer de dos niveles o pisos donde ubicar el tabaco.
Finalizadas las 3 semanas de curado, las hojas son separadas del tronco de
la planta y agrupadas en racimos son golpeadas contra unos bidones de
gasolina vacíos para quitarles la suciedad y el polvo que hayan podido
acumular en los graneros. En esta tarea suelen participar los mas jóvenes de
la familia, ayudando a los adultos.
A continuación las hojas son humedecidas con una fina ducha de agua y
sometidas a un proceso manual de eliminación tanto del nervio central como
del extremo mas grueso de la hoja (clipping), agrupándose a continuación en
manojos de aproximadamente medio kilo que son atados con un cordel.
Estos manojos (torquettes) son los que se introducirán después en barriles
de nogal americano o roble americano para ser sometidos al singular y
característico proceso de fermentación anaeróbica bajo presión que veremos
con detalle.
jueves, 8 de diciembre de 2016
Primer Concurso de Relato Corto José Fernández-Ventura
Aprovechando el retraso al mes de noviembre, de la celebración del VI
TORNEO BONET DE SES PIPES 2017, de fumada lenta. Ampliamos, la fecha límite de
recepción de originales, hasta el día 30
de octubre.
Esperamos, que
muchos aprovechéis para presentar vuestros trabajos.
Suerte
Pipa Club de España
Primer Concurso de
Relato Corto
José Fernández-Ventura
El Pipa Club de España, a través
de su Junta Rectora, convoca el Primer Concurso de Relato Corto José
Fernández-Ventura, que se regirá por las
siguientes bases:
www.escritores.org
BASES
1. Pueden concurrir a este certamen todos los socios del Pipa Club y fumadores de pipa que lo deseen. Los autores deberán ser mayores de 18 años.
2. Los trabajos, se presentarán en lengua
castellana o catalana, y han de ser originales e inéditos. El tema deberá
versar necesariamente, o estar relacionado, con las pipas, el tabaco de pipa, o
el fumar en pipa.
3. La extensión de los originales
será de un máximo de 5 hojas y un mínimo de 2, a una cara en tamaño DIN A-4, en
letra Arial, tamaño 12 e interlineado de 1,5 líneas. Todas las páginas deberán
estar numeradas, a excepción de la portada, aparte.
Las obras se presentarán por duplicado, con
portada y texto grapados en la esquina superior izquierda. Solamente se puede
presentar un trabajo por autor y año.
4. Los trabajos se presentarán
sin firma, en un sobre cerrado, dentro
del cual irá otro sobre con seudónimo y título de la obra, que contendrá,
escrito con claridad, el nombre y apellidos del autor, así como su dirección
completa, número de teléfono, e-mail si procede, y fotocopia del Documento Nacional de
Identidad o Pasaporte. Tanto en la portada de los trabajos como en el exterior
de los sobres figurará de forma destacada: ‘Concurso de Relato Corto José
Fernández- Ventura’ y el ‘título del relato’.
5. Los trabajos, en condiciones
anteriormente establecidas, podrán enviarse por correo postal (sin indicar
remite de envío) a:
Miguel Morey Aguirre
Aduana Palma de Mallorca
c/Moll Vell, s/n
07012
Palma de Mallorca
BALEARES
-ESPAÑA-
La fecha límite de recepción de
originales será el 28 de Julio de cada año.
6. El jurado, cuya
composición estará integrada siempre por socios del Pipa Club de España, se dará a conocer al emitirse el fallo; tendrá
además de las facultades normales de otorgar o declarar desierto el premio, y
emitir el fallo, y las de interpretar
las presentes bases. La decisión del jurado será inapelable.
7. El fallo del jurado se dará a conocer en el torneo de fumada lenta anual ´Bonet de Ses Pipes’ y se publicará, junto con el relato ganador en el blog del Pipa Club de España.
8. El Pipa Club de España, se reserva la facultad de adoptar las medidas que estime oportunas, para garantizar la autenticidad de los trabajos presentados.
9. Los premio al relato ganador, serán; Primer premio: una pipa donada por Pipa Club de España, con el siguiente rótulo grabado: ‘P.C.E.- J.F.V. y el año del concurso’ y seis latas de tabaco de pipa; segundo premio: cinco latas de tabaco de pipa; tercer premio: cuatro latas de tabaco de pipa; además se expenderán diplomas acreditativos de la obtención del 1er, 2º y 3er Premio.
10. Los premios se entregarán, en la cena del torneo de fumada lenta anual, ´Bonet de Ses Pipes’
11. Los trabajos no premiados podrán ser retirados por sus autores o personas autorizadas disponiendo de 20 días a partir de la fecha de entrega de los premios. Los originales no retirados serán destruidos transcurrido dicho plazo.
12. Todos los trabajos que no se ajusten a estas bases quedarán en depósito y no participarán en la convocatoria, quedando también sujetos al apartado anterior.
13. El Pipa Club de España, dispondrá de las obras premiadas para su publicación en la forma y manera que crea oportuno.
14. La presentación de obras a
este concurso supone por parte de los autores la aceptación de las presentes
bases.
Pipa
Club de España


FOTOS EVENTO


Primer Premio Ganador
Concurso de Relato Corto
Concurso de Relato Corto
José Fernández-Ventura
LA CACHIMBA DEL CHATO
Por
ÁLEX BARJACOBA
El hombre del sombrero negro aflojó una generosa limosna contemplando con disgusto piadoso al mendigo que elevaba su mirada desde el suelo, en donde yacía despatarrado.
—Gratitud, mi señor.—dijo el pordiosero—Ahora permitid que a cambio relate para vuestro solaz la crónica de mi desdicha, pues estas dádivas bien lo merecen.—Y de este modo dio comienzo a su increíble historia.
Mi nombre es Juan Delgado, y sin duda no fue por casualidad que tropezase con Pancho Gálvez en aquella inmunda taberna de puerto, en Isla Beato, el confín del infierno. Contaba yo diecinueve otoños hace no mucho tiempo, dedicado a cualquier menester que me otorgara el peculio mínimo para rentar una hamaca pulgosa, llenar el mondongo y remojar el gañote con vino rancio. Tales eran mis aspiraciones, aparte de trajinarme a Fuensanta, una putilla mestiza que vagaba de continuo por el malecón cimbreando el trasero como una gata coja. Siempre buscando mi compañía, siempre susurrándome al oído: “mi dulce Juan”, pues según ella era yo su asiduo predilecto.
Todavía no se habían consumido dos semanas desde que desembarqué de uno de los muchos pesqueros cochambrosos fondeados en el muelle, cuando me encontraba ganduleando en el mesón de la hostería donde me alojaba, entre trasiego de vinacho y cachete a los muslos de Fuensanta, que ronroneaba como solía en mi regazo. En cierto momento, advertí irritado como un carcamal de aspecto fúnebre nos observaba insistentemente desde su mesa a través de un par de gruesas lentes, que aumentaban el tamaño de sus ojos hasta lo grotesco.
—¿Se puede saber que estáis fisgando, vejestorio?—vociferé como un cabrero.
El sujeto apartó a un lado la escudilla de huevos con jamón que estaba engullendo, y tras componer una mueca de dientes amazacotados, se apeó del banquillo apuntalado sobre un par de muletas, arrimándose oscilante a mi babor. Como danzando.
—Os traigo un ofrecimiento, Juan Delgado. Un obsequio, más bien.—declaró con un tono que de tan áspero, hizo que se me atiesaran las crines.
—¿Quién os ha dado mi nombre?... ¡esfumaos!... ¡bogad por otros rumbos, en donde no me encuentre yo faenando!— le anuncié valentón, aunque achantado en mis adentros.
—En verdad os digo que no es intención mía acometer agravio en vuestra sustancia. Opuestamente, pues lo que hasta aquí me ha llevado os supondrá un gran beneficio, si es que tenéis a bien prestar oídos y despojaros de aprensiones vanas.—parloteó el viejo, sentándose con dificultad.
Lo cierto es que, beodo como me hallaba, no atiné a asimilar ni por carambola la enrevesada monserga de aquel desgraciado. Empero, dos únicas palabras quedaron atoradas en el holgado tamiz de mi mollera: gran beneficio. Así que despedí a Fuensanta con un afectuoso azote en sus abombadas nalgas.
—Me pregunto qué interés podríais tener vos en favorecer mi provecho.—inquirí. Y como respuesta, hizo comparecer desde la ausencia un raído costal que abrazó como a un rorro de teta, dando arranque al siguiente episodio de su monserga.
—Lo que atesoro en este humilde morral es algo extraordinario, permitid que os lo muestre—Con teatral aspaviento, exhibió lo que parecía una boñiga negruzca ensartada por un junco igualmente roñoso, que miré con repugnancia.
—¿Una vieja cachimba?— pregunté decepcionado.
—Que no os lleve a engaño su tosca apariencia. No es cualquiera cachimba. Su último propietario fue Sebastián Falcó, un temible pirata oriundo de la ínsula de Moallucra, cuna de rufianes. Falcó sembró el terror en tantas playas que no queda villorrio costero donde aun los más jabatos no acaben gimoteando cual niñitas con sólo escuchar su mote: el Chato. Pero muy pollo sois vos para recordarlo.
»Sucedió que Falcó andaba encelado por una joven y bella princesa de los territorios Tut-Kahani, donde moran los indígenas Coropikas. Ella obviamente le rechazó, por lo que decidió arrastrarla por la fuerza hasta su nao con rijosas intenciones. Empero estando ya en cubierta y antes de que pudiera posar una de sus manazas sobre la áurea tez de la muchacha, esta intentó rebanarle el pescuezo con un afiladísimo estilete de topacio que portaba disimulado en la cabellera.—explicó Gálvez haciendo una pausa para pasar una mano temblorosa por su rala pelambre.
—El bucanero—continuó—esquivó la mortal embestida de la muchacha recibiendo en cambio un chirlo que le segó los hocicos de cuajo. Más ocasión no tuvo de evitar que la india se hincara la daga en la propia sien, atravesándose la calavera de flanco a flanco deviniendo en el acto tiesa cual mojama, y él, por sorpresa, desnarigado.
Al escuchar estas palabras me estremecí de repeluzno, al tiempo que advertí con extrañeza que la taberna había convenido por completo libre de concurrencia.
—Apenas me alcanza el talento para advertir relación alguna entre tan truculento suceso y mi persona.—suspiré confuso.
—El reconcomio de la mocedad hace que vuestros pies vayan por delante de vuestras alpargatas.—graznó el viejo— Aguardad pues, a que remate mi discurso…
—El bellaco Falcó -ahora conocido como el Chato- al asolar el poblado y raptar a la princesa, confiscó igualmente a varios indígenas para que le prestaran obligado vasallaje, además de un cuantioso botín en forma de gemas y otros perifollos. Entre dicho saqueo se encontraba la pipa que sostengo junto a esta taleguilla rebosante de cierta hierba maloliente, a la que los nativos denominan Po-oht’ha.
»El caso es que uno de los salvajes sometidos, ciego por más señas, informó al bandido sobre cierta cualidad del aparentemente inofensivo cachivache; algo sobre que estaba protegido mediante un encantamiento, ya que había pertenecido al chamán de la tribu asaltada, asimismo un poderoso brujo que obraba la nigromancia alquímica. El cegato dio a conocer a Falcó datos relevantes que solo él, aparte del hechicero, conocía acerca del artilugio. Le explicó que la cachimba era un poderoso talismán, y que quien fumara en ella al menos tres veces al día, gozaría por siempre de buena fortuna. Más el nativo, presintiendo lo que el Chato le tenía reservado y como postrera venganza, se guardó de darle a conocer que de no cumplirse rigurosamente la sencilla posología de usar la pipa un trío de tandas entre el alba y el ocaso, esta dejaría de favorecer a su dueño para por el contrario, maldecirlo con la tragedia.
»Poco después, Falcó mandó descarnar vivo al infeliz para servirlo como cebo a las bestias marinas, pues de poco le servía un esclavo privado de la vista. Más tarde, el malhechor cavilaría que si el nigromante inhalaba con deleite la humareda –que supuestamente le concedía salud y fortuna- malamente iba a tener dispar consecuencia consigo mismo, por lo que ya en la intimidad de su camarote, llenó y encendió la cazoleta. Y esa fue la primera vez de otras muchas.
»Por otro lado, resultó que entre los salvajes retenidos se encontraba la hija del hechicero, una ambiciosa sacerdotisa que decidió aliarse con Falcó iniciándole en la magia oscura, llegando incluso a engendrar descendencia con el pirata.
»Esos fueron en verdad días de cruenta gloria en la leyenda del Chato, ahora trocado en una ralea de demonio debido a la terrible llaga que mostraba siempre abierta en el lugar donde debieran ubicarse sus narices, lo que le daba el aspecto de un difunto andante. Empero lo principal es que el amuleto funcionaba, y el poder de Sebastián Falcó se multiplicó por mil convirtiéndose en el criminal más temido de esta esquina del mapa.
»Tras meditar las consecuencias de mis pesquisas, que ahora no vienen al caso, he llegado a la certeza de que todo esto es verídico, y que el mortal que haga uso de este pipote sin saltarse las reglas ni una sola vez, devendrá altamente favorecido en toda circunstancia, pues tal es su cualidad.—ultimó Gálvez.
—¿Y por qué razón no os lo quedáis para vos? Os miro y me convenzo de que no os vendría mal beneficiaros de sus propiedades.—repliqué.
—Me muero.—respondió mohíno—Un mal insanable se ha instalado en el meollo de mis huesos tan profundamente que toda receta es ineficaz, incluida la magia. Sería un despilfarro llevarme la cachimba al sepulcro, así que la mejor alternativa es cederla a alguien joven y gallardo para que pueda sacarle provecho. Y vos, Juan Delgado, sois el elegido. Vuestra apariencia es asaz semblante a la mía cuando contaba vuestra edad, así que será de tal modo lo más cercano a que yo mismo goce de las ventajas de este don tan asombroso. Que por cierto, llegó hasta mis manos por azar. Sencillamente me encontraba en el lugar correcto en el momento adecuado.
—Ya veo. Mas me pregunto que fue del Chato.
—Hmmm…. Cierta madrugada se apeó de su navío para componer un asunto en la villa de Balzaia cuando un enorme carruaje desbocado le arrolló en plena vía, reduciendo su otrora imponente figura a un andrajo sangrante. Muerto y bien muerto quedó. Vive Dios que no existe bajo el sol hijo de su madre capaz de volver a erguir la cabeza cuando esta ha quedado despachurrada hasta alcanzar apenas el grosor de una tortilla. —aseveró Gálvez con macabra agudeza.
—Pero… ¿acaso no le protegió el fetiche del percance?—pregunté escamado.
—Así hubiese ocurrido, si en lugar de arrojar al ciego por la borda, Falcó le hubiese interrogado, hostigado, torturado… hasta sonsacarle la preciada parte de la información que el maldito se había negado a facilitarle provocando tan desafortunado final... ¡Oh… qué necio fue!—bramó Gálvez.—Pero puede que eso no hubiera sido suficiente. A pesar de que el pirata no se quitaba la cachimba de la boca a menos que se hallara durmiendo y que la fumaba hasta ocho veces a diario, esa jornada la dejó olvidada en su barco. Los negocios que le ocupaban en la villa le demoraron más de lo supuesto y obligado se vio a dilatar su estancia hasta poco pasada la medianoche, que fue el instante en que lo aplastó el carro. Esa jornada sólo había usado la cachimba dos veces… Dos insuficientes veces.
»Pero de eso hace ya cuatro lustros… Olvidaos del Chato, su momento pasó y sin embargo el vuestro se aproxima. Consentid humear esta singular pieza y la fortuna os acompañará hasta que expiréis en hora muy lejana, arrebujado en vuestro propio lecho de sedas—finalizó Gálvez, exhibiendo de nuevo su repulsivo gesto, que comprendí era la sonrisa de alguien que jamás ha sabido sonreír.
A tales alturas, la cuestión comparecía indudable; me encontraba ante un pobre chiflado. Empero, ¿qué podía yo perder en la tentativa, aparte de mis suspicacias?
Finalmente, resuelto y animado en gran parte gracias a la cogorza que no se decidía a abandonarme, me dispuse a cargar la herramienta con las fétidas hojas para prenderla con un fósforo. La hierba ardió alegremente entre chisporroteos, emanando un miasma acre y plomizo humazo que aspiré complacido. A los pocos minutos me invadió el júbilo, para después caer en un sopor manso. Finalmente mi lozano cuerpo devino paralizado alcanzando mi mente un raro estado, entre el abandono y la sensación de abarcar todo conocimiento.
De por medio mis párpados entrecerrados alcancé vislumbrar a Gálvez frente a mí, y en un recodo, una figura agazapada y expectante, que no era otra que la de Fuensanta.
Fue el anciano el que una vez más, habló con su voz arrugada:
—Aquamarina, hija mía… ha llegado el momento. Procede, pues deseoso me hallo de llevar a término este empeño— escuché percatándome de que se dirigía a mi querida ramera con tan exótico nombre que sin duda era el suyo auténtico. A continuación fue a ella a la que pude oír entonando una endiablada salmodia. No por incomprensible menos espeluznante.
—¡Uhluthcrutshapetohtalraaayn! ¡htohtazahtohtos-gooooy! ¡htaruuggin-buhsssssss…!
Súbitamente, me vi inmerso en una espesa nube de tinieblas donde moraban lóbregas siluetas que gritaban. Uniéndome yo a ellas en su estridente coro.
Una sola imagen conservo diáfana antes de que se extinguiese el magro cirio de mi entendimiento; la mestiza Fuensanta, regalándome una risita maligna por encima del hombro de un hombre joven al que parecía estar abrazada, y que se me antojó misteriosamente familiar.
El viejo mendigo puso fin a su relato, y el hombre con sombrero negro partió, no sin antes dejar caer de nuevo algunas monedas.
—Gratitud, mi señor.—murmuró Juan Delgado quitándose los anteojos unidos a una falsa nariz de caucho que cubría el rostro mutilado, para poco después extraer algo del bolsillo de su pelliza; un objeto alargado y mugriento cuyo extremo se llevó hasta los labios ansiosamente por tercera vez esa mañana, por si las moscas. El dolorido esqueleto que ahora le sostenía seguía aguantando, de momento. Lo necesitaba para encontrar a Falcó y a la bruja, ajustar cuentas y cumplir el propósito que lo mantenía vivo: recuperar su cuerpo.
Segundo Premio
Concurso de Relato Corto
Concurso de Relato Corto
José Fernández-Ventura
Latakkia Blues
Concurso de Relato corto José Fernández-Ventura
The smoking piper
Concurso de Relato corto José Fernández-Ventura
The smoking piper
Sentado en la cubierta de popa de un pequeño patrullero guardacostas ruso, observaba
como la espuma que emergía violentamente de las hélices pareciera dirigirse al pequeño puerto
de Bafra, que habíamos dejado atrás en la zona turca de Chipre. Tan solo el capitán, el oficial
de máquinas, dos marineros y un joven guardiamarina me acompañaban en aquél crepúsculo
tornasolado; todos del ejército ruso. Nos dirigíamos al puerto Sirio de Latakkia. En unas tres
horas habríamos arribado manteniendo las máquinas a buen ritmo como ahora. Refrescaba en
aquella tarde/noche de Octubre.
-¿Puedo fumar una pipa? – pregunté en inglés al capitán que permanecía de pie al timón en la cubierta de mando por si pudiera trasgredir alguna norma o siquiera molestar. Asintió con la cabeza mientras se giraba ligeramente hacia mí.
Saqué de la mochila el estuche de pipas que había llevado y elegí la joya de la corona: una billiard Charatan construida por el mismísimo Frederick en 1898, y que yo había heredado de mi abuelo, que la había atesorado y mimado como si la niña de sus ojos hubiera sido. Era una ocasión especial, diría única, pues no en vano empezaba una aventura en la que podría perder incluso la vida. Pero así era yo: audaz en lo querido y cauto en lo desconocido. Con toda la parsimonia habitual, cargué la cazoleta con mi apreciado Frog Morton como si de un ceremonial litúrgico se tratara, y me dispuse a saborear la buena picadura en todo su esplendor, una vez que el fresco ambiente que se respiraba en aquél tranquilo atardecer le realzaba las virtudes al punto sublime.
A través del humo que emergía generosamente de la cachimba para desvanecerse al instante en la brisa marina, reflexioné sobre la auténtica locura que me había empujado hasta allí, haciéndome eco de aquella frase de Albert Einstein: “creo que fumar pipa contribuye a un juicio en cierto modo calmado y objetivo en todos los asuntos humanos”.
Todo había empezado unos meses antes, en un viaje de placer a las Repúblicas Bálticas y San Petersburgo, ocasión aprovechada para dejarme caer también por Copenhague y visitar la Danish Pipe Shop de mi querido y malogrado Stephen (Nielsen), dónde me abastecería de los mejores Blend del momento.
Una vez llegado al aeropuerto San Petersburgo después de recorrer Letonia, Estonia y Lituania, me dirigí en taxi al Belmond Grand Hotel, dónde me había citado con mi viejo amigo Alexandr Sasha Alexandryev, un almirante de la armada rusa con el que había compartido grandes pipadas en mi Mallorca natal, isla a la que le gustaba escaparse siempre que tenía ocasión, y dónde le conocí a la postre. Sasha es un enorme y orondo hombretón, de retorcido y poblado mostacho ya blanco por la edad, exagerado en las formas, los gestos y el habla. Con más de dos metros coronados por una exageradamente ancha gorra de plato y ciento cincuenta kilos refulgiendo dentro de la inmaculada guerrera blanca, se levantó de un sorprendente ágil
-¿Puedo fumar una pipa? – pregunté en inglés al capitán que permanecía de pie al timón en la cubierta de mando por si pudiera trasgredir alguna norma o siquiera molestar. Asintió con la cabeza mientras se giraba ligeramente hacia mí.
Saqué de la mochila el estuche de pipas que había llevado y elegí la joya de la corona: una billiard Charatan construida por el mismísimo Frederick en 1898, y que yo había heredado de mi abuelo, que la había atesorado y mimado como si la niña de sus ojos hubiera sido. Era una ocasión especial, diría única, pues no en vano empezaba una aventura en la que podría perder incluso la vida. Pero así era yo: audaz en lo querido y cauto en lo desconocido. Con toda la parsimonia habitual, cargué la cazoleta con mi apreciado Frog Morton como si de un ceremonial litúrgico se tratara, y me dispuse a saborear la buena picadura en todo su esplendor, una vez que el fresco ambiente que se respiraba en aquél tranquilo atardecer le realzaba las virtudes al punto sublime.
A través del humo que emergía generosamente de la cachimba para desvanecerse al instante en la brisa marina, reflexioné sobre la auténtica locura que me había empujado hasta allí, haciéndome eco de aquella frase de Albert Einstein: “creo que fumar pipa contribuye a un juicio en cierto modo calmado y objetivo en todos los asuntos humanos”.
Todo había empezado unos meses antes, en un viaje de placer a las Repúblicas Bálticas y San Petersburgo, ocasión aprovechada para dejarme caer también por Copenhague y visitar la Danish Pipe Shop de mi querido y malogrado Stephen (Nielsen), dónde me abastecería de los mejores Blend del momento.
Una vez llegado al aeropuerto San Petersburgo después de recorrer Letonia, Estonia y Lituania, me dirigí en taxi al Belmond Grand Hotel, dónde me había citado con mi viejo amigo Alexandr Sasha Alexandryev, un almirante de la armada rusa con el que había compartido grandes pipadas en mi Mallorca natal, isla a la que le gustaba escaparse siempre que tenía ocasión, y dónde le conocí a la postre. Sasha es un enorme y orondo hombretón, de retorcido y poblado mostacho ya blanco por la edad, exagerado en las formas, los gestos y el habla. Con más de dos metros coronados por una exageradamente ancha gorra de plato y ciento cincuenta kilos refulgiendo dentro de la inmaculada guerrera blanca, se levantó de un sorprendente ágil
salto al verme aparecer en el bar del Hotel y se abalanzó sobre mi como un gigantesco oso
Grizzly:
Jo,jo,jo, – gritó abriendo los brazos como un molino de viento antes de hacerme desaparecer dentro de un abrazo peligrosamente cariñoso.- Bienvenue, mon cher Jaume – continuó en un pésimo francés del que le gustaba alardear.
Después de la consabida plática sobre la familia, el tiempo, lo humano y lo divino, y mientras nos despachábamos a buen ritmo una botella de Kardhu, y luego otra, en un reservado del Hotel en el que nos permitían excepcionalmente fumar en pipa, entramos a discutir cual era para cada cual el hijo preferido de la gran madre Virginia. Que si los Periqué, los Izmir, Los Smyrna, los orientales Latakia, los caribeños... los procesados Flake, los Burley, los Balkan y sus diferentes blend, sin olvidarnos de los vaper. Después de larga y ardua discusión, ambos convinimos algo que ya compartíamos de antes: El Balkan Sobraine era la mejor labor jamás hecha y que nunca más podríamos volver a saborear por la lamentable pérdida de uno de sus principales ingredientes: la variedad de planta de tabaco Shekk-el-Bint cultivada en Latakkia, debido a la brutal, obscena e interminable guerra que asolaba esa región Siria. Ninguna de las variedades turcas, chipriotas o libanesas se le podía comparar, a pesar de compartir la etiqueta de “tabacos orientales”. Burdas copias.
Seguramente envalentonado por los vapores alcohólicos del espirituoso Whisky, exclamé:
Jo,jo,jo, – gritó abriendo los brazos como un molino de viento antes de hacerme desaparecer dentro de un abrazo peligrosamente cariñoso.- Bienvenue, mon cher Jaume – continuó en un pésimo francés del que le gustaba alardear.
Después de la consabida plática sobre la familia, el tiempo, lo humano y lo divino, y mientras nos despachábamos a buen ritmo una botella de Kardhu, y luego otra, en un reservado del Hotel en el que nos permitían excepcionalmente fumar en pipa, entramos a discutir cual era para cada cual el hijo preferido de la gran madre Virginia. Que si los Periqué, los Izmir, Los Smyrna, los orientales Latakia, los caribeños... los procesados Flake, los Burley, los Balkan y sus diferentes blend, sin olvidarnos de los vaper. Después de larga y ardua discusión, ambos convinimos algo que ya compartíamos de antes: El Balkan Sobraine era la mejor labor jamás hecha y que nunca más podríamos volver a saborear por la lamentable pérdida de uno de sus principales ingredientes: la variedad de planta de tabaco Shekk-el-Bint cultivada en Latakkia, debido a la brutal, obscena e interminable guerra que asolaba esa región Siria. Ninguna de las variedades turcas, chipriotas o libanesas se le podía comparar, a pesar de compartir la etiqueta de “tabacos orientales”. Burdas copias.
Seguramente envalentonado por los vapores alcohólicos del espirituoso Whisky, exclamé:
-
- Si pudiera y aun hubiera, me iría a Siria y traería algunas plantas para cultivarlas y
ahumarlas al mejor estilo Latakia en mi finca de Campos.
-
- Al igual que el gran Joseph (Stalin), mi buen amigo El Presidient Vladimir (Putin), también
es fumador de pipa y gran amante del Latakkia Sirio – me susurró Sasha como “Secreto
de Estado”. – Sigue recibiendo partidas que cultivan y producen expresamente para él
en algún pequeño lugar secreto cerca del pueblo natal de la familia al-Assad. Puedo
intentar arreglarlo para que puedas conseguir semillas – continuó entre burlesco y
solemne.
-
- No me valen solo las semillas. Necesito una muestra de tierra, conocer el entorno, las
condiciones climáticas y todo eso. Lo que quiero es conseguir plantas y para ello no me
queda otra que ir allí. – mantuve bravucón soltando constantes bocanadas de humo en
un espeso ambiente ya casi irrespirable.
-
- Tovarich ¿Hablas en serio? ¿Tú sabes lo que dices? – contestó Sasha abriendo mucho
los ojos. – Las cosas aún son muy peligriosas y puede ser un suicidio ir allí.
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- Es igual. Ya me arreglaré. Nada puede asustar a un mallorquín de Sa Rápita, hijo y nieto
de contrabandistas. El peligro ya está escrito en algún gen de nuestro ADN.
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- Muy bien – zanjó Sasha. – Lo trataré y veremos que puedo conseguir. Te daré aviso.
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- Y no me llames Tovarich. Ya te he dicho que no soy un camarada comunista.
- Jo, jo, jo – se desternilló Sasha mientras me palmeaba el hombro.
Y allí estaba yo navegando, cuando de pronto escuché al capitán que se dirigía a mí:
La habitación aún mostraba algunas señales del lujo que debió lucir en un pasado no tan
lejano, pero las ventanas estaban selladas y los cristales cubiertos con planchas de madera por la parte exterior. Una luz mortecina lo alumbraba todo, seguramente con energía procedente de baterías alimentadas por algún generador eólico y placas solares. Con los huesos molidos por la travesía y el ánimo vencido por el cansancio, no tardé mucho en quedarme profundamente dormido. El reloj marcaba la una.
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- Mister, prepárese que estamos llegando. A partir ahora navegaremos sin luces en
silencio absoluto. Toda precaución es poca en zona de guerra – dijo en tono serio.
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- Pero si no se ven luces ni nada. ¿está seguro que estamos llegando?
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- La guerra es cruel my firiend. No hay luces porque no hay energía eléctrica- me replicó
ofendido. –Yo nunca me equivoco de rumbo ni de puerto.
Efectivamente, unos minutos después arribábamos al ralentí a una pequeña dársena
pesquera al norte del gran puerto de Latakkia. A la tenue luz de la luna, entre la bruma, pude observar a una figura pequeña y enjuta sobre el espigón, que nos hacía señas.
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- Mi nombre es Viktor Stepanov, agregado militar de la embajada rusa. He recibido
instrucciones del Almirantazgo de atenderle, protegerle y conducirle a su destino. – me
dijo aquel hombrecillo alargándome la mano cuando salté a tierra. Hablaba un buen
español con marcado acento cubano. Tenía todo el aspecto de un burócrata: pequeño,
calvo y de carnes secas. Rondaría los cincuenta.
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- Mi nombre en Font. Jaume Font – le contesté con un apretón.
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- Bienvenido Sr. Font. De momento le acompañaré al Hotel Alfamia, dónde pasará la
noche. Partiremos al amanecer. Ya me encargué de la reserva y de todos los trámites fronterizos. Está todo arreglado. Acompáñeme.
Y me introdujo en el asiento trasero de un Mercedes 190 que nos aguardaba con alguien
sentado al volante. Sin luces y conduciendo muy despacio, en poco más de media hora llegamos a un puesto de control fuertemente armado del ejército sirio que controlaba el único acceso a una pequeña península dónde se adivinaba la enorme mole del Hotel. Viktor enseñó un salvoconducto y tras examinarlo a la luz de una linterna retiraron rápidamente las barreras que nos flanqueaban el paso.
La habitación aún mostraba algunas señales del lujo que debió lucir en un pasado no tan
lejano, pero las ventanas estaban selladas y los cristales cubiertos con planchas de madera por la parte exterior. Una luz mortecina lo alumbraba todo, seguramente con energía procedente de baterías alimentadas por algún generador eólico y placas solares. Con los huesos molidos por la travesía y el ánimo vencido por el cansancio, no tardé mucho en quedarme profundamente dormido. El reloj marcaba la una.
Rayaba el alba cuando salimos de la ciudad de Latakkia a bordo de un viejo Toyota 4x4
en dirección sureste, buscando el pueblo de Al Qardahah, cuna de Hafez el Assad, padre
del actual dictador, por una infame carretera salpicada de baches, cráteres, grietas y
badenes, fruto de incesantes bombardeos. Al volante un enorme “gorila” que respondía al
nombre de Nikolai, cuellicorto, de cabello hirsuto y cabeza pequeña, sorteaba violentamente
los obstáculos dando incesantes bandazos, frenadas y acelerones. Apestaba a vodka a
metros de distancia. Sus ojillos nerviosos parecían decir: - ¡Ojo, peligro! ¡No molestar! En el
asiento del copiloto llevaba un par de Kalashnikov amartillados, algunas granadas de mano
y varias botellas de Vodka de donde se daba buenos tragos cada poco.
- No le sorprenda lo de Nikolai – me advirtió Viktor sentado a mi lado – Es un alcohólico y
no muy listo, pero el mejor seguro de vida en estos caminos y un excelente conductor. Por todos lados pululan grupos de bandidos, mercenarios, rebeldes o desertores que no dudarían en rebanarle el cuello por unos cigarrillos. Si nos encontramos a alguien, no diga ni una palabra y procure tener siempre la espalda cubierta.
Asentí. Encendí una pipa cargada de Early Morning, como cada mañana. Tras un par de horas de trayecto observé que los campos eran de incesantes olivares, dónde escasas oliveras seguían aún en pie pero rotas, semi-cortadas o con las ramas desgajadas.
- ¿Qué hace toda esa gente en los olivares? – pregunté refiriéndome a grupos de mujeres y ancianos que veía de poco en poco cortando olivos con hachas.
- Siria fue un gran productor de aceite de oliva. El quinto del mundo. Casi toda la provincia de Latakkia vivía del aceite - me contestó el hombrecillo. – Desde el inicio de esta maldita guerra, se han abandonado los campos de labor y la gente ahora corta los árboles para obtener leña para cocinar y calentarse, pues no hay ningún otro combustible disponible. Algunos la venden después para comprar comida.
Al poco, abandonamos la carretera principal para tomar un ramal al este, en dirección a las montañas, en peor estado aún que la anterior, si cabe. A ratos no había ni asfalto.
De vez en cuando, hileras de personas andrajosas calzando simples jirones nos hacían señales de súplica desde la cuneta. Ante mi dolor y angustia, Nikolai aceleraba todo lo que podía.
- Son refugiados que vienen de la zona de Alepo la mayoría. Pero muchos pueden ser
rebeldes desertores o bandidos. Hay que andar con cuidado – sentenció Viktor.
La vegetación se hacía cada vez más rala, de matorrales espinosos. Después de bordear un embalse, enveredamos por un sendero de montaña dónde el todoterreno parecía destinado a terminar su vida partiéndose por la mitad el cualquier bache.
Una hora más tarde entramos en un pequeño y fértil valle coronado de altos picos, con una hectárea de plantas de tabaco perfectamente alineadas en su centro. El camino 4 desaparecía abruptamente junto a una mísera casa de madera, flanqueada por un enorme barracón que exhalaba humo por todas las costuras. Junto al mismo, un voluminoso depósito de agua, un vetusto tractor oxidado y un corpulento perro negro atado a él que no paraba de ladrar amenazante. No se veía a nadie en redor.
- No le sorprenda lo de Nikolai – me advirtió Viktor sentado a mi lado – Es un alcohólico y
no muy listo, pero el mejor seguro de vida en estos caminos y un excelente conductor. Por todos lados pululan grupos de bandidos, mercenarios, rebeldes o desertores que no dudarían en rebanarle el cuello por unos cigarrillos. Si nos encontramos a alguien, no diga ni una palabra y procure tener siempre la espalda cubierta.
Asentí. Encendí una pipa cargada de Early Morning, como cada mañana. Tras un par de horas de trayecto observé que los campos eran de incesantes olivares, dónde escasas oliveras seguían aún en pie pero rotas, semi-cortadas o con las ramas desgajadas.
- ¿Qué hace toda esa gente en los olivares? – pregunté refiriéndome a grupos de mujeres y ancianos que veía de poco en poco cortando olivos con hachas.
- Siria fue un gran productor de aceite de oliva. El quinto del mundo. Casi toda la provincia de Latakkia vivía del aceite - me contestó el hombrecillo. – Desde el inicio de esta maldita guerra, se han abandonado los campos de labor y la gente ahora corta los árboles para obtener leña para cocinar y calentarse, pues no hay ningún otro combustible disponible. Algunos la venden después para comprar comida.
Al poco, abandonamos la carretera principal para tomar un ramal al este, en dirección a las montañas, en peor estado aún que la anterior, si cabe. A ratos no había ni asfalto.
De vez en cuando, hileras de personas andrajosas calzando simples jirones nos hacían señales de súplica desde la cuneta. Ante mi dolor y angustia, Nikolai aceleraba todo lo que podía.
- Son refugiados que vienen de la zona de Alepo la mayoría. Pero muchos pueden ser
rebeldes desertores o bandidos. Hay que andar con cuidado – sentenció Viktor.
La vegetación se hacía cada vez más rala, de matorrales espinosos. Después de bordear un embalse, enveredamos por un sendero de montaña dónde el todoterreno parecía destinado a terminar su vida partiéndose por la mitad el cualquier bache.
Una hora más tarde entramos en un pequeño y fértil valle coronado de altos picos, con una hectárea de plantas de tabaco perfectamente alineadas en su centro. El camino 4 desaparecía abruptamente junto a una mísera casa de madera, flanqueada por un enorme barracón que exhalaba humo por todas las costuras. Junto al mismo, un voluminoso depósito de agua, un vetusto tractor oxidado y un corpulento perro negro atado a él que no paraba de ladrar amenazante. No se veía a nadie en redor.
- ¡Ahmad! – gritó Viktor en el idioma local. – ¡Sal! ¡No temas! ¡Soy Viktor Stepanov!
De entre unos arbustos emergió un anciano gualdrapero, encorvado y de tez oscura muy
quemada por el sol. Portaba una escopeta de dos cañones y me miraba hosco.
De entre unos arbustos emergió un anciano gualdrapero, encorvado y de tez oscura muy
quemada por el sol. Portaba una escopeta de dos cañones y me miraba hosco.
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- ¿Es este el de las plantas que me dijo Vladimir? – gruñó Ahmad. -Están aquí. Ya las
puede coger y largarse. Y esta bolsa de semillas. No me gustan los extraños – zanjó
alargándome un semillero con una cincuentena de plantones de media cuarta y una
bolsita de plástico con semillas que extrajo de un viejo armario.
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- Perdónele por ser huraño y desconfiado, pero también es muy buena persona. Vive solo
y desde que empezó la guerra le asaltan frecuentemente para robarle.
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- Pregúntale si sigue ahumando las hojas con madera de roble y si me deja echar un
vistazo al ahumadero – le pedí a mi acompañante asintiendo. - También me gustaría
coger una muestra de tierra del cultivo.
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- Dice que ni él ni nadie de esta región ha usado nunca madera de roble. Siempre han
usado Arce sirio, Tamarisco y Espino blanco a partes iguales, bajo hierbas de la zona. Le da mucho mejor sabor al tabaco que el roble. Además son más baratos. - me tradujo Viktor. - Puede usted coger tierra si lo desea, pero no entrar en el cobertizo. Está sellado porque vienen bandidos a menudo y está harto de destrozos.
Caminé unos metros hasta el cultivo y clavé en la húmeda tierra un tubo de aluminio de medio metro con tapones por ambos extremos que saqué de mi mochila. Después acomodé los plantones en cajas de metacrilato que llevaba especialmente para protegerlos en mi vuelta, las volví a meter en la mochila y me despedí de Ahmad con una inclinación de cabeza a modo de agradecimiento. Le ofrecí un puñado de dólares, que cogió sin rechistar.
Nikolai ya nos esperaba con el motor en marcha y Viktor sentado en el asiento. Tomé algunas notas de altitud, temperatura y humedad ambiente y me acomodé a la vera de Viktor.
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- Hay que tener gran amor por esa afición suya para jugarse la vida de esta manera. -
sentenció Viktor con ademán de asombro y gran respeto.
-
- Solo un verdadero fumador de pipa podría entenderlo – le contesté solemne.
Y emprendimos el viaje de vuelta cuando el sol empezaba a caer.
Había logrado mi objetivo. Ya tenía mis queridas plantas conmigo. Ahora solo faltaba volver
a casa sano y salvo, aunque a buen seguro no sería fácil. Pero eso es harina para otro costal.
Tercer Premio
Concurso de Relato Corto
Concurso de Relato Corto
José Fernández-Ventura
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